Cuadernos de

Medicina Forense

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   COMENTARIO DE LIBROS                                                                            Cuad Med Forense 2013; 19(3-4):139-141

Dragy

 


Manual de Antropología Forense

Autor: K. Ramey Burns

Año de edición: 2008

Idioma: Español

Editorial: Ediciones Bellaterra S.L. Barcelona.

Páginas: 446

 

Entre los libros de antropología forense que empiezan discretamente a proliferar en el campo de las publicaciones médicas, destaca por su modernidad este manual escrito por Ramey Burns, antropóloga americana con experiencia docente en su país y con importantes estudios efectuados en Irak durante la Guerra del Golfo, en la gran catástrofe del World Trade Center de Nueva York, en identificaciones en Haití y Colombia, y en investigaciones históricas como la llevada a cabo sobre el genocidio fenicio en Cartago.

 

Este manual se inicia con un capítulo dedicado a la historia de la antropología forense y a ciertos determinismos conceptuales que son necesarios en una ciencia contemporánea situada dentro de las que se están separando del tronco original de la medicina legal, y también en parte de la física y de la biología. Para ello, la autora considera que aunque el origen del estudio esquelético se pierde en la antigüedad, el nacimiento de la disciplina se sitúa en Estados Unidos concretamente en 1850, con la intervención judicial de los anatomistas Holmes y Wyman, de la Universidad de Harvard, aportando también los rasgos que actualmente distinguen al antropólogo del médico forense: el antropólogo se enfrenta solamente al esqueleto, su trabajo no urge, puede prolongarse cuanto sea preciso y está sujeto a una ética más confusa.

 

Los ocho capítulos que siguen, uno de osteología general y el resto dedicado al recorrido topográfico de las unidades del esqueleto, son menos merecedores de atención, porque a pesar de sus completas descripciones y de unas perfectas ilustraciones realizadas por una prestigiosa dibujante británica, el antropólogo tiene que tener en cuenta sus carencias y en todo caso recurrir a textos y atlas anatómicos de mayor envergadura.

 

Numerado con el guarismo 11 figura un capítulo que trata de la odontología forense, con gran detalle en sus variantes en cuanto a edad, morfológicas, de inventación, tóxicas y odontogénicas. Este apartado debe contemplarse en el aspecto de que se sale de lo puramente antropológico por proporcionar también conocimientos de gran utilidad al médico forense, obligado a peritar sobre piezas dentarias, tanto en el vivo como en el cadáver, con tanta frecuencia como para que se haya empezado a hablar de la odontología forense como ciencia aparte.

 

Las 90 últimas páginas son las de mayor valor del libro, por reunir una notable información de la práctica del trabajo de los antropólogos forenses en estudios de campo y de laboratorio, especialmente referidos a la identificación humana (tentativa, presuntiva y positiva), los cambios post mórtem (autolíticos, ambientales y producidos por roedores y animales carroñeros), los traumatismos, las malformaciones y las osteopatías deducibles, junto con ejemplos muy demostrativos y terminando con modelos de gráficas, tablas e informes, un glosario no imprescindible y una útil y detallada bibliografía.

 

 

 

  

Manual del Perito Médico

Autor: MR Jouvencel.

Año de edición: 2002

Idioma: Castellano

Editorial: Editorial Díaz de Santos. Madrid

Páginas: 351

 

El libro está compuesto por dos partes diferentes, siendo la primera la que ocupa las 188 páginas de sus 14 primeros capítulos, y la segunda la contenida en las restantes páginas correspondientes a los dos últimos capítulos. La primera parte reúne lo que más que un texto técnico de traumatología forense, o de lesionología osteoarticular forense como preferiría definirla el Prof. Domínguez Martínez, es un manual de procedimiento de gran utilidad médico-legal, mientras que la segunda parte se reduce a la visión personal del autor de lo que constituye la documentación médico-legal y de lo que considera que es la peritación médico-legal en la generalidad de los casos. Por todo ello, valoramos como imprescindible la primera parte y como opinable la segunda.

 

Los capítulos dedicados a la traumatología aportan una visión altamente especializada y fundamentalmente crítica sobre temas tales como pueden ser los que se refieren a conceptos básicos, causología, estado anterior, valoración del daño, protocolización, secuelas, incapacidades y reparaciones de perjuicio, e incluyen algunos puntos prácticamente inéditos, como el análisis del gesto motor y la visión ergonómica en la valoración de la incapacidad, y todos ellos dotados de la exhaustividad que proporciona la experiencia del autor, de quien ya conocíamos sus anteriores obras sobre cinemática y ergonomía del accidente de trabajo y sobre el latigazo cervical y las colisiones de baja intensidad (en éste con el interesante hallazgo de la posible localización de la acuñación del término conocido por los médicos forenses de "cuponazo cervical"). A esta amplia experiencia personal del autor se añaden en el texto las prestigiosas opiniones provenientes de publicaciones profesionales de diversa nacionalidad, de los vinculantes criterios dictados por la abundante legislación y de las recomendaciones de organismos internacionales.

 

En la primera parte del manual destacan, por su interés, las distinciones sobre concausalidad, las interpretaciones sobre las secuelas tardías, el concepto de desviación aceptable de la duración de la incapacidad temporal, la determinación de la fecha de consolidación, la idea de daño d'agrement (que podría traducirse como "disfrute cesante") y la crítica del sistema de tasación de las incapacidades permanentes. Sobre todo ello ponemos en valor, por la actualidad de su necesidad, la parte del texto que hace referencia al rigor terminológico sobre la diferencia entre los términos no exactamente sinónimos para definir deficiencia, discapacidad y minusvalía, y sus equivalentes en español e inglés.

 

La lectura del capítulo sobre documentos médico-legales trae a colación la original idea, conocida desde hace muchos años, de considerar que son documentos médico-legales todos los producidos en el medio hospitalario, por poder llegar a cualquier órgano de la administración de justicia.

 

Finalmente hay que hacer una referencia obligada al epígrafe 16.12 del último capítulo del libro, que recoge, ampliándolo, el artículo del mismo autor Crítica y crisis de la medicina forense, publicado en 1996 en Revista Española del Daño Corporal, que en su opinión, y en la de otros que cita, descalifica rotundamente a los médicos forenses como peritos judiciales basándose en que sólo disponen de lo que denomina "manida imparcialidad", y les falta la especialización que por supuesto poseen en cada caso los médicos especialistas. Este criterio es inadmisible, aunque tenga su parte de razón basándose en lo obsoleto de unos planteamientos organizativos de una antigüedad más que centenaria del Cuerpo Nacional de Médicos Forenses, que todavía persiste aunque corregidos en parte en la reorganización funcional de hace una década. Nuestra firme opinión, sustentada en la autoridad que puede dar la emisión durante 32 años de cerca de 300 informes periciales, sucesivamente como médico forense, como perito de la defensa y como académico numerario, con las correspondientes intervenciones en juicios orales ante los diferentes tribunales de los distintos órganos jurisdiccionales, es que la imparcialidad (más propia del forense que del perito a instancia de parte) es imprescindible, aunque no suficiente, con el argumento añadido de que al ser los litigios por mala praxis muy frecuentemente originados por complicaciones en órganos o sistemas distintos a los que primariamente requirieron la actuación médica justiciable, hace más idóneo como perito al médico forense, todo lo cual lleva a la convicción de que con lo que se alcanza mayor perfección es con la peritación conjunta de especialistas y medicolegistas.

 

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