Cuadernos de

Medicina Forense

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PRUEBA PERICIAL

 


José Enrique Vázquez López

Abogado. Sevilla


 

Sólo el médico y el dramaturgo
gozan del raro privilegio de
cobrar las desazones que nos dan.

Santiago Ramón y Cajal.



ERROR MÉDICO Y RESPONSABILIDAD: UNA CUCHARADITA DESPUÉS DE LAS COMIDAS.


De la responsabilidad médica se ha hablado mucho, y se ha escrito mucho más todavía. Es un tema que goza de la particularidad de no dejar indiferente a nadie. Unos, se pronuncian abiertamente en contra del sistema sanitario en general, criticando cualquier incidencia médica con ardor, e incluso a veces, con saña. Otros, por el contrario, confían su salud a cualquier individuo que, con más voluntad que acierto, les impone las manos, o les receta vaya usted a saber qué hierbas. Cuando se les pregunta el por qué de acudir a otras personas que no tienen la titulación de médicos, las respuestas son parecidas a estas:


Pues porque los médicos no tienen solución para esto, ¿sabe?


Es que me han dicho que F....... lo cura todo.


Pues porque la Medicina tradicional es esto, y la sabiduría antigua es la que vale...


Comentarios aparte, lo cierto es que el sistema sanitario, tal y como actualmente está planteado, hace aguas por varios sitios, y eso se nota. No obstante, también hemos de decir en honor a la verdad, que la mayoría de los médicos ejercen su profesión con dedicación y esfuerzo, y que no siempre, cuando se produce un suceso anormal según la práctica habitual, existe responsabilidad desde el punto de vista jurídico por parte de los profesionales sanitarios.


Al hilo de lo manifestado anteriormente, nos ha parecido interesante traer a estas páginas el comentario de una reciente Sentencia que, si bien no es del Tribunal Supremo, sí goza de la afortunada característica de recoger anterior Jurisprudencia sobre el tema, la mayoría del Supremo, exponiendo de forma clara y sencilla (dentro de lo que cabe en una Sentencia) cuáles son las bases jurídicas necesarias para la existencia de responsabilidad médica.

EL SUPUESTO DE HECHO:
Paciente que es sometida, sobre las 21:00 horas del día 20/02/1.997, en una clínica privada, a una mamoplastia de aumento y corrección de lóbulos rasgados. La madrugada siguiente a la intervención, se produjeron los siguientes hechos clínicos:


A las cero horas treinta minutos de esa noche, la intervenida se encontraba en estado normal, situación que prosiguió hasta dos horas después, momento en el cual la paciente refiere ligera molestia en el pecho, opresión torácica, estado de nerviosismo y dificultad para conciliar el sueño, administrándosele un relajante.


A las seis de la madrugada, presentaba disnea, administrándosele eufilina. Posteriormente, a las ocho de la mañana, ya encontrándose la paciente con disnea asentada, se le administra un mucolítico expectorante y un antiinflamatorio. A esa hora llama la atención el índice de saturación de oxígeno, que se encontraba en un 88%.


Sobre las nueve treinta horas de la mañana, el médico de guardia se pone en contacto con el anestesista, comentando la posibilidad de trasladar a la paciente a un centro hospitalario con más medios, dado su estado. Una vez llega el anestesista, se habla de la posibilidad de solicitar una ambulancia.


El médico que efectuó la intervención, se presenta en el hospital a las diez treinta horas de la mañana, y examina a la paciente, observándose a la auscultación síntomas típicos de broncoespasmo, por lo que le administra broncodilatarores, y le quita los vendajes. La paciente experimenta una ligera mejoría, empeorando bruscamente sobre las doce treinta horas, por lo que se le administra oxigenoterapia, y se la entuba.


Entretanto, y una vez confirmada la necesidad de una ambulancia, personal del hospital se pone en contacto con la empresa de ambulancias concertada, que manifiesta que se encontraban muy saturados, y que tardarían en llegar más o menos una hora y media. Sin embargo, no se llamó en ese momento a otro servicio de ambulancias.


Posteriormente, y dado el estado de la paciente, se llama a una U.V.I. móvil, que se persona en el hospital privado sobre las 13:40 horas, siendo ingresada la paciente en el Hospital Ramón y Cajal sobre las 13:51 horas.


Del informe de urgencias del Ramón y Cajal, tras la realización de una radiografía, se aprecia un neumotórax bilateral a tensión.


Sobre las 18:30 horas del 22/02/97, la paciente tenía una anoxia cerebral postparada cardiaca secundaria a un neumotórax bilateral. En dicha situación persiste hasta su fallecimiento, a las 22:00 horas del 26/02/97.

LA SENTENCIA
La resolución que resuelve el caso antes detallado es de la Audiencia Provincial de Madrid, de 27/01/00, siendo su Ponente el Ilmo. Sr. D. Edilberto Galán Padilla.
Previamente a entrar en el exámen de los hechos relatados, la Sentencia dictamina que, para la existencia de una infracción penal imprudente culposa, es preciso que concurran los siguientes requisitos:


-Previsibilidad del resultado no querido por el sujeto, esto es, ausencia de intención, y posibilidad de prever el resultado.


-Infracción de una norma de cuidado.
-Que el resultado sea constitutivo de infracción penal. Quizás sea éste el requisito que presenta mayores dificultades para constatarse en un caso concreto, ya que ha de probarse igualmente la relación de causa-efecto entre la conducta y el resultado lesivo, visto que es precisa al menos una culpa levísima en la realización de los actos discutidos.


Una vez sentada la base anterior, la propia Sentencia comenta el estado actual de la Jurisprudencia respecto al tema concreto de la imprudencia médica, recalcando el hecho de que no existe infracción penal en función del diagnóstico equivocado, cuando se hayan cumplido el resto de las previsiones, salvo cuando se trate de un error de extraordinaria gravedad.


Finalmente, y tras examinar la prueba practicada, dicta fallo absolutorio, entendiendo como base del mismo, y en resumen, los siguientes razonamientos:


-Al menos penalmente, no hay base suficiente para un fallo condenatorio, ya que la culpa ha de ser demostrada en juicio.


-El perito informante en el juicio, Médico Forense jubilado y especialista en Medicina General y Pediatría, consideró que el tratamiento verificado a la paciente durante la noche-madrugada posterior a la intervención quirúrgica fue correcto. Se realizó un tratamiento propio del broncoespasmo. Igualmente, aseguró que el haber trasladado a la paciente a otro hospital antes, no hubiera variado el resultado, ya que el neumotórax se produjo después del traslado. En el mismo sentido, se pronunciaron otros especialistas que declararon en el juicio. No obstante, otros dos Médicos Forenses que declararon en el plenario entendieron que el traslado inmediato de la paciente, probablemente hubiera frenado el proceso evolutivo.


-Por lo anterior, no puede hablarse de un error inexplicable en el tratamiento, que fue el correcto.


Igualmente, la Sentencia apunta a una posible responsabilidad, no sancionable penalmente, por parte del médico que practicó la intervención, que no se preocupa de su paciente durante la noche siguiente a la operación, quien a su vez tendría que haberse ocupado de que la ambulancia llegara con prontitud a un requerimiento suyo, incluso contratando a otra empresa de ambulancias, ya que es a este facultativo al que compete la obligación de neutralizar las fuentes de peligro, y a quien correspondían las funciones de vigilancia, control, cuidado y coordinación de la intervención quirúrgica que él mismo realizó.

CONCLUSIÓN:
Nunca está de más refrescarnos la memoria y recordar cuáles son las pautas que establece el Tribunal Supremo para este tema concreto, el de la responsabilidad médica. Ya decíamos que el interés de la Sentencia comentada era el hecho de que recogía la última doctrina establecida por dicho Tribunal al respecto, si bien no hemos hecho referencia a las citas por no aburrir en demasía al lector.


Evidentemente, el error de diagnóstico queda descalificado por sí solo para generar responsabilidad penal, si se han adoptado las previsiones normales para cada caso concreto, y si el tratamiento a la patología detectada ha sido correcto. La propia Sentencia comentada habla del carácter aleatorio de la ciencia médica, y de que ¿en materia de intervenciones médicas, las consecuencias que de éstas resultan pueden ser atribuibles a complicaciones imprevisibles y siempre posibles con mayor o menor riesgo, según la clase de intervención?, no faltando incluso ¿reacciones o anomalías de origen humano en el paciente, no previsibles?.


De todas maneras, si me permiten, yo cruzo los dedos siempre, y ruego que no se produzcan esas complicaciones o anomalías no previsibles.

 

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